Si estos tipos “chorean” como los otros, se valen del Estado para sus negocios, como los otros, viven en primera clase mientras vos raspás la olla y secás la yerba al sol, ¿por qué tolerarlos? Sigue leyendo
Autor: Nestor Perez
El engaño del dañino
La invasión era inminente, los alemanes lo sabían en aquel 1944; todavía la segunda gran carnicería del siglo XX estaba lejos de acabar y nadie imaginaba que Truman, un mediocre comerciante, cuando saltara de la vicepresidencia para reemplazar a Roosevelt, iba a ordenar la incineración nuclear en Japón. Cuenta la historia que frente a Calais en la costa francesa las armas se dispusieron como para acometer ese punto de invasión en la Europa nazi. Pero aquellos preparativos no estuvieron diseñados por hombres de armas sino por artistas, ingenieros y especialistas en efectos especiales: los tanques eran de goma, los aviones de cartón y madera, los sonidos de falsas comunicaciones radiales a cargo de técnicos en sonido. Y resultó. Miles de vidas se salvaron porque los nazis distrajeron esfuerzos defensivos en esa gran puesta en escena que descubrirían demasiado tarde.
Mentira. Engaño. Falsa escena. Propósito clarísimo.
En este oscuro tiempo de poder ultraderechista todos los días nos comemos el amague de las operaciones que se diseñan para que periodistas, opositores y analistas pongamos la lupa en donde Milei cacarea, desenfocando la atención del lugar donde terminará poniendo los huevos.
Hace apenas unos días todos los días, todo el día, arremetíamos ofuscados por el falso anuncio de ajustar el salario de los trabajadores enfermos; que si es por culpa del laburante, tanto; que si no tuvo nada que ver con su condición sanitaria, tanto…Y todos nos comimos la curva, estrellando nuestros anhelos de voltear el retroceso a las cavernas que es la reforma laboral sin poder pisar el freno evitando el precipicio.
Ahora, con la denuncia de adoctrinamiento en las escuelas de Kiciloff encienden otra vez las luces del set para quien sabe qué política pública germinando en tierras libertarias. No debe ser nada bueno, como desde hace dos años, la brutal gestión habla por sí misma, solo tributo a quienes habitan la terraza vip de la pirámide social. Abajo, los viejos se arremangan para la changa que les permita llegar al veinte y algo del mes; los ocupados gastan sus mejores horas imaginando sobrevivir sin que los tiren por la borda. En los barrios el narco se hace un festival con el ejército de reserva infantil y adolescente, mientras se impulsa acabar con estos en la cárcel, no con aquellos.
Si se escrutara rigurosamente en el tenor de la protesta libertaria, respecto de la crítica a Donald Trump, el líder natural del protectorado argentino de esta hora, casi que podríamos pensar en un acto de traición a la patria del denunciante, toda vez que defiende a quien preside la nación que cerró filas con el imperio inglés en la guerra de Malvinas. Pero sería ir muy lejos. Solo pretende esta columna llamar la atención sobre recurso tan repetido, éste de encender un faro para distraer la mirada de las tinieblas, donde a los de a pié siempre nos reservan las peores tropelías.
Alejandro Dolina retrata a los medios de comunicación a semejanza de espejos, uno cree que la imagen que nos devuelve es verdad. Pero si el espejo está deformado la imagen que vuelve será una verdad a medias, o directamente una mentira.
Rompamos los espejos, no nos hace falta que alguien nos diga lo que somos; la mentira que tragamos casi de modo indolente, al mismo tiempo que nos desgasta para pensar cómo salir de este agujero, construye puentes hacia la consolidación de este aparato de demolición que es Milei. Y esta vez, a contrapelo del engaño de Calai, el hormigón y el acero son verdaderos, tan duros como un desengaño o la despedida de quien viaja al exilio.
Con las botas puestas (al menos)
El retrato de Galeano es una pieza de antología, dice: «Un cocinero reunió a las aves, a las gallinas, a los pavos, a los faisanes y a los patos. El cocinero les preguntaba:
-¿Con qué salsa quieren ser comidos? Una humilde gallina dijo: -¡ Nosotras no queremos ser comidas de ninguna manera!
Y el cocinero aclaró: -Eso está fuera de la cuestión”…
Desde hace dos años y dos meses la dirigencia político sindical que perdió las elecciones se debate en discusiones sobre si el cocinero realmente no tendrá derecho a disponer de nosotros, los argentinos de “mal” – los de “bien” ocupan un podio demasiado estrecho, entonces no cuentan – como insumo crítico de su menú gastronómico/político. En el medio alguna escaramuza que llamaron medida de fuerza, cuya coronación sería el paro general de mañana. Aquella frustrante vacilación para comenzar de inmediato una oposición que cancelara o al menos postergara las aspiraciones devastadoras de Milei, se revuelve hoy con una medida tardía, un intento de rescate en las profundidades del desastre sin aire, sin luces ni orientación. El maleducado ex arquero ya construyó musculo parlamentario.
Los datos de la masacre se acumulan sin que las fuerzas políticas de arraigo popular salgan de su conmoción, estropeados por la desacreditación, la impericia o la lectura equivocada de la etapa histórica que emerge furiosa con la ultraderecha.
Solo el año pasado más de 153 mil personas perdieron sus trabajos sin ninguna causa.
22 mil empresas desaparecieron, y con ellas, una obviedad, la capacidad de ofrecer empleo en una economía frizzada.
Cierra el punteo los datos publicados por El Economista; de cuna radical, el medio consigna información obtenida por la consultora Equilibra, la que afirma “que la economía argentina acumuló tres trimestres consecutivos de estancamiento”, con solo el agro y una cosecha de trigo record, pese a lo cual “el motor del crecimiento sigue apagado”, cierra el medio especializado.
Desde que la ultraderecha ocupa el gobierno nacional los despidos se detienen poco antes del estremecedor número de 300 mil.
La inflación se desmarca de aquel control de principios de gestión, apalancada por una depreciación escandalosa de la moneda argentina. Repasando lo sucedido el 12 de diciembre del 2023, dos días después de asumir el mando, Milei llevó el dólar de 366 a 800 pesos, lo que significó una devaluación de casi el 120 por ciento. En el largo ciclo devaluatorio comenzado en 1970 solo hubo otro momento que superó al del topo del Estado, fue el que se dispuso en enero del 2002 con un salto del tipo de cambio de casi 42 puntos, llevando el salto devaluatorio a casi 130 por ciento. En esos dos tiempos la moneda argentina se nos volvió enana para afrontar gastos de un tamaño mitológico.
En este marco de parálisis económica de casi todas las actividades – porque de eso se trata la receta en ejecución: tirar el freno de mano, dejar en la intemperie a los desvalidos, incumplir los compromisos fiscales, echar a estatales y dinamitar los acuerdos salariales paritarios -, en este embotellamiento de demandas desorganizadas, sin más oposición que la izquierda internacional y sus múltiples expresiones, como también de un colectivo ecléctico y voluntarioso de artistas, sacerdotes como los curas villeros y centrales un poco más enérgicas como las CTA, el ánimo de lucha está también paralizado como lo demuestran las centrales sindicales y entregados a los desaires oficiales como los gobernadores que ofrendaron a Milei la restauración de la esclavitud con la reforma laboral.
En opinión del cronista, el dique donde se estrellen las ambiciones patronales que pretende ser este paro general llega tarde, mal encausado y peor diseñado. Pero debe contar con toda la adhesión que se pueda, en el ánimo estrictamente democrático de poner límites al plan de exterminio de la Libertad Avanza, cuando la única libertad que tutela y ofrece este nuevo gendarme del capital concentrado es la de morirnos de hambre de pan, justicia y trabajo.
El depósito de carne humana no para de crecer
Reforma laboral, la nueva hora del grillete
¿La injustificable larga pausa del empleo registrado justifica volver a la servidumbre? ¿Es la marginalidad laboral lo que alienta la reforma laboral, o apenas se trata de acabar con la osadía de discutir la distribución de la renta nacional?
Listo, ya, dejemos a un lado la clásica defensa de todos los gobiernos de origen popular que han gobernado estos 40 años, originales o mixturados (por derecha y por izquierda): los medios no nos dejan gobernar, le hacen siempre el trabajo sucio a la derecha; aún en democracia el poder es de las corporaciones, no del pueblo; la oligarquía no nos deja porque venimos a restaurar derechos conculcados. En honor a las víctimas sociales de tanto fracaso profanemos todas las certezas; nos lancemos a ese mar embravecido donde derivan las preguntas incómodas. Porque, aunque todo lo precedente pueda explicar esta devastación, solo tenemos la organización política para plantar batalla, la capitulación no es una posibilidad.
Perón ganó en el 46 con los medios en contra y lo echaron a punta de fusil con la prensa a favor; a Trump le pasó lo mismo esta última vez, y en el caso de este horrendo sujeto fue peor, estaba en el ojo de la tormenta mediático por delitos graves. Sin ir más profundo en ese abismo insondable que es el ánimo del elector en las horas previas y en la soledad del cuarto oscuro, lo primero que parece haber pasado con la irrupción Milei es que las administraciones que le precedieron fueron solo defección y mala praxis. Inflación, empleo estancado, crecimiento exponencial de trabajo informal aún en la burocracia – como que de eso se aprovechó el desalmado ultra para echar de las oficinas públicas a trabajadores de 20 años de antigüedad, en negro -, inseguridad en las calles y el desdén progresista bajo aquella estúpida sentencia, al criticar “le estás haciendo el juego a la derecha”, corrupción incontestable, arrogancia intelectual de funcionarios e intelectuales orgánicos, Fernández fajando a Fabiola, en fin, un plato lleno de comida en mal estado como para invitar a la mesa a tantos desconocidos y desconfiados argentinos.
No se regodeen los liberales, este prólogo solo opera en este texto como dique de contención a la embestida que sobreviene a la crítica de la marcha ultraderechista en el país; para evitar que se prodigen en plantear lo que yo ya estoy admitiendo arriba: no venimos de Finlandia, más bien de Sierra Leona. Punto. Aceptado, la UCR primero y el peronismo después hicieron todo lo posible para autodesacreditarse y sembrar de mojones el camino a este artefacto humano de destrucción que es Javier Milei y sus hunos liberales.
Ahora bien, respecto de lo proyectado por el gobierno nacional, siempre remontando a lo que considera el momento luminoso del país, 100 años atrás, es hoy imprescindible sofocar esa pretensión esgrimiendo el retrato del mundo del trabajo esclavo de la época, para que se enteren los millones de adeptos que apoyan una reforma laboral desde la intemperie más absoluta, creyendo que pulverizando los derechos de los demás se multiplicarán los suyos, como los panes y peces bíblicos.
Gatea el siglo XX, gobierna Julio A. Roca. Sobre el escritorio del presidente se amontonan los reclamos por las condiciones de desprecio absoluto del empresariado por las condiciones de trabajadores de todas las ramas. En el campo el criollo tiene menos recreo que su caballo; en la ciudad el gringo suda sin pausa talleres insalubres. Es la hora sin ley, y el momento de aceleración de la plusvalía; Argentina ya hace rato asumió el rol que le impusiera el capitalismo ultramarino, la división internacional del trabajo se ejecuta sin más: frutos de la tierra para exportar, productos manufacturados entrando irrefrenablemente. Sobre aquella despiadada escena laboral el Instituto de Investigaciones Históricas del Museo Roca dirá: “En muchos oficios fabriles el día de trabajo podía alcanzar las doce horas, mientras que en el campo la jornada se extendía, prácticamente, de sol a sol. En los ingenios, en época de cosecha se trabajaba durante catorce horas diarias”.
¿Es esta coordenada histórica la que guía los anhelos del maleducado principal de Balcarce 50? ¿La injustificable larga pausa del empleo registrado justifica volver a la servidumbre? ¿Es la marginalidad laboral lo que alienta la reforma laboral, o apenas se trata de acabar con la osadía de discutir la distribución de la renta nacional?
Tres años después que Mitre fundara el diario que hoy propaga la fe mileista y juega al tiro al blanco con peronistas opositores, nacía en España el hombre que iba a escrutar en ese territorio profundo del abuso brutal de seres humanos. Juan Biallet Massé, médico y abogado, recoge el encargo del ministro de Interior Joaquín V. González y se lanza sobre catorce provincias pobres para desentrañar esa clave tan humana de la explotación de otro congener. Sus notas e informes traducidos en tres volúmenes monumentales se conocerán como “Informe de las clases obreras” en Argentina, y será este trabajo la viga madre sobre la que descanse el Derecho Laboral.
Escuchemos lo que le que le decían al catalán cuando se sentaba frente a los patrones; después de inspeccionar el ferrocarril en Mendoza, consigna que “el señor administrador es un manchesteriano puro; cree que el gobierno no tiene por qué meterse en la cuestión trabajo de una empresa comercial, aunque cree que en caso de huelga debe prestar la fuerza pública. Cree también que las huelgas son un mero producto de agitadores interesados en promoverlas y vivir del obrero. Preguntándole si había algún reglamento base para determinar el monto de las indemnizaciones en los accidentes de trabajo, me contestó ´el reglamento soy yo´ (Revolución y Contrarevolución en la Argentina/ Jorge A Ramos).
Diseccionando el párrafo precedente hay: primero, una idea cristalizada en los dueños del capital respecto del libre albedrío, o sea, ninguna regulación debe obturar su tasa de rentabilidad. Segundo, el contribuyente debe pagarle al policía que muele a palos a los levantiscos. Por último, los obreros son estúpidos y solo protestan porque así crece el negocio de los sindicatos. La sintonía con el discurso dominante en los medios libertarios es absoluta. No es coincidencia. Es postulado político, mil veces recreado.
Del mismo modo con que ejecuta su plan antiinflacionario, o sea, destruyendo la estructura económica del endeble país que siempre fuimos, Milei embiste contra el litigio laboral detonando el derecho del proverbialmente sujeto más débil en la relación obrero-patrón. Es impericia para detectar las claves del presunto negocio de voraces abogados laboralistas, o se trata apenas de un pretexto para volver a la edad de piedra del capitalismo. El cronista no tiene la habilidad necesaria para velar su propia conclusión…
En esta hora mercenaria donde el ser nacional se hunde en desprecio y agravio, se vuelve tan luminoso como necesario la mirada de Ricardo Rojas, obsesionado por la suerte de los nacidos en esta patria: “Seremos argentinos cuando sintamos en nosotros la adherencia que tuvo el indio con su suelo (…); cuando sintamos la plasticidad del gaucho con su horizonte panpeano (…); cuando tengamos la capacidad para el trabajo disciplinado como el gringo; y cuando no seamos ni indios, ni gauchos, ni gringos, sino argentinos” (La historia imaginada / Hernán Brienza).
