Milei y lo humano como impedimento

«El fascismo glorificaba lo colectivo. La tecno-oligarquía lo suprime», señala el politólogo ucraniano Antón Shejovtsov, experto en el fenómeno politico de la ultraderecha. Interesantísimo aporte teórico para desmontar la simplificación inoperante de que La Libertad Avanza, es una gavilla de fascistas. Milei va por la desintegración de lo grupal, no al revés; su impulso a la IA sin controles lo explica sin ambigüedades: » Así como la Revolución Industrial nos liberó de las limitaciones de la fuerza fìsica, la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, impulsando la creatividad más allá de nuestros sueños más ambiciosos»…El cerebro humano como limitante de la tasa de ganancia empresaria, un obstáculo a remover. No es distopía, es política. Y un gigantesco peligro para la humanidad.

Pero sigamos a Shejovstov en su exámen de la tecno oligarquía, en los términos que tanto celebra el presidente argentino, la individualidad como propósito excluyente:
«El fascismo sitúa lo colectivo —definido en torno a una nación o una raza concebida de manera orgánica— en el centro de su doctrina política. La supervivencia —e incluso la salud— de este colectivo exclusivo se convierte en el fin último de toda política fascista. Es esto lo que justifica una violencia extrema contra todos aquellos a quienes el régimen considera una amenaza para el grupo, ya sea por su mera existencia o por sus prácticas»…

Cada quien es dueño de exprimir sus ideas como quiera, pero sin la contribución de la emoción, la duda o cualquier otro dictado humano, no seremos más que auxiliares de la tecnología, hasta que decida suprimirnos…

En politica como en el fútbol, nunca te salva uno solo…

Si hay algo parecido a la plena autonomía de la voluntad, aquello que traducido popularmente sería, lo que no está prohibido está permitido, es desde hace varios años lo que impulsa al elector a optar por la izquierda y su contrafrente ideológico en no más de tres turnos electorales, o en dos como sucedió en Colombia el último domingo. De Gustavo Petro a Abelardo De la Espriella – sin escalas –  estaría hablando de las tensiones acumuladas que ya no operan a largo plazo. La resolución es vertiginosa, buscando sin paciencia lo que lleva tanto tiempo sin contestación.

Puede haber ocurrido en Argentina 2023, con una representación de centro izquierda –  diluida en aguas de simulación – como fuera la del Frente de Todos. Puede, no lo aseguro. Como sea, los votantes ya no tienen ni quieren tener tolerancia al paso del tiempo. 

Con todo derecho, pueden estar considerando que el vino se les volverá vinagre si no lo toman hoy, de un solo trago. Como que nada pasa por el medio, ese carril con peaje que nadie está dispuesto a pagar. 

Hay ideas que se instalaron en el imaginario popular y que no por haber sido machacadas en la prensa liberal durante los años progresistas son falsas; por ejemplo, el choreo que hoy escala alturas de ipoxia, no es más grave porque lo protagonicen estoy tipos de hoy, que seguro ya choreaban en las corporaciones donde cumplían tareas antes de entrar a la gestión pública (porque aceptemos que nadie se hace ladrón por el solo expediente de trasponer la puerta estatal); es grave porque progresar en la escala social maniobrando ilegalmente en la esfera pública destruye la confianza del sufrido. Demuele la perspectiva de una política eficaz y apalancando el beneficio colectivo, y opera como sanción ficta para todo aquel que viva su vida con apego a las normas y el deber ser. Lo que hace digna la vida del que vive sin robar, aún con el hambre royéndole las tripas. 
 
Una de las voces de la izquierda nacional que se hiciera escuchar más vehemente contra la corrupción gubernamental fue la de René Ramírez, ex ministro de Educación y Ciencia del Ecuador en tiempos de Rafael Correa. En los memoriosos aún retumba aquella sentencia lapidaria: «Cero tolerancia a la corrupción» que soltara frente a más propios que extraños reunidos en un espacio común de debate por el rumbo de su nación. Es el mismo experto en Sociología de la Desigualdad el que por esta hora dirá de las salidas por derecha en la politica regional: «Lejos de la idea de una `derechización` social, existe una sensación extendida de traición y desencanto, producto de gobiernos que prometieron transformaciones estructurales, pero terminaron administrando el sistema existente con ajustes menores. Los pueblos quieren cambio, pero muchas veces las izquierdas solo gestionan el mismo modelo, haciéndolo apenas un poco menos injusto».
 
No se puede seguir culpando al que vota. Es de toda torpeza política derramar resentimiento sobre la humanidad del que vuelve la espalda luego de tanta expectativa frustrada. Si tuvieran ganas de aprender tal vez escucharían algo como, ¿no probaron con hacerlo mejor?….
 
Los datos que devuelve la realidad argentina bajo la administración ultra de Milei indican que el empleo privado cayó pulverizado, su cadáver hay que buscarlo entre los escombros de la industria. La desorganización se apoderó de las familias, no solo por trabajos informales al márgen de toda protección, trabajos que impiden proyectar, sino también porque angustia diariamente, enferma el espíritu estropeando la psiquis, en un proceso brutal de desintegración familiar. 
 
Pero si todo esto no fuera suficiente para aquellos que ven en la acción política tanto las causas como la salida de este horrible sueño, los cultores de Cristina Fernández  y de Axel Kicillof se lanzan a la carrera de la autodestrucción del único espacio que podría, con mucho viento a favor y de continuar el juego de errores libertario, erigirse en un obstáculo para la reelección de Milie. En medio de esta carnicería social, el peronismo de centro izquierda solo piensa en sí mismo. Endogamia y ceguera. Vanidad y autocelebración. Como si no se reconocieran en el mismo territorio de litigio donde se debe intentar recuperar el control de los negocios públicos, el manejo de las palancas estratégicas, hoy en manos de un modelo depredatorio de recursos naturales, sin limites para el capitalismo huérfano de imaginación.
Desde los recoletos despachos donde  los dueños del país diseñan la plusvalía extrema de los años por venir,  la mueca provisional de satisfacción a punto está de volverse carcajada permanente…
 
 
 
 

Sepamos por qué, aún ignorando cómo…

¿Cuánta decepción del representado aguanta un sistema representativo sin que se fracture definitivamente? ¿De qué modo se suturan las heridas de la desconfianza que provoca gestionar de espaldas al pueblo? ¿Cómo construir un proyecto colectivo trasversal y reparador sin cortar de raíz con la corrupción endémica, el nepotismo, el acomodo, los privilegios, el conchabo malhabido, la justicia de clase para los encumbrados, la injusticia declarada para los marrones de a pie? Es contra la naturaleza del analista ofrecer tantos planos abiertos sin tener una sola réplica, una salida mínima que ilumine cuadro tan borrascoso. Pero es que ahí estamos parados, en esa insondable penumbra, sin tener la menor idea de cómo salir al futuro.

Nada en la escena nacional se cuece por fuera del caldero libertario, hasta sus propios errores los capitaliza alguien del espacio ultra; el desconcierto, la avaricia y recelo se pavonean en el campo opositor peronista. La derecha clásica afila el puñal en la piedra de la revancha, su turno no parece lejos.

Cada episodio en el marco de la cosa pública socava el terreno donde pisa una sociedad asqueada de pasos en falso, mentiras vendidas como gestas épicas en el terreno macroeconómico, sufrimientos inacabables en el día a día, represión ante cualquier expresión de pasión popular,delitos contra la integridad sexual, femicidios, secuestros con fines de trata de personas; dirigentes políticos sin aptitud para anticipar la jugada, que cuando reaccionan lo hacen fuera de tiempo, distancia y lugar. Los que juegan dentro de un sistema donde casi siempre pierde el mismo – cedo el absoluto en resguardo de la salud emocional del lector -, nos invitan a seguir participando, a pura voluntad y a costa de nuestras expectativas, que se amontonan como fierros viejos en la chatarra del pueblo.

“Me parece que amurallarse en la defensa de la democracia liberal es muy poco útil. Al revés, nos entrampa en una batalla perdida. Algo semejante pasa con el Estado. Hay que reformular cuál es su papel, porque lo que venimos viendo desde hace mucho tiempo, pero sobre todo desde la pandemia, son sus limitaciones e incapacidades. Ni hablar de los partidos políticos y el mecanismo de representación en general. Es imprescindible reconocer esa crisis de lo anterior, sin aceptar ni legitimar la lógica bélica. Porque en la guerra ganan y se imponen los más fuertes, y siempre quienes quedan en posición rezagada son las mayorías”… lúcida y tozuda, la que empuja la crítica sobre lo que no debemos abrazar, al menos, sin cuestionarlo con dureza, es Pilar Calveiro, politóloga, ex presa política, autora de “Resistir al neoliberalismo”, entre otros celebrados trabajos. Y va más lejos, propone sin atajos dejar de pensar en la democracia liberal como campo de disputa simétrico y de terreno igualado, reformulando la estrategia política:

“No tiene sentido entonces defender el viejo statu quo, como proponen más o menos explícitamente los progresismos y las izquierdas contemporáneas; pero tampoco conviene asumir el belicismo que impone la ultraderecha porque saben que en ese terreno ganan. Lo que parece ineludible es un realismo político que nos permita hacernos las preguntas difíciles: ¿es hora de asumir la enemistad, o seguiremos pensando a la política como un debate civilizado entre individuos con opiniones distintas?”

Es el más oscuro de los inviernos para 9 de 10 argentinos, y por mucho que exprimamos las ideas, por ahora no tenemos ruta, mapa ni brújula; mientras tanto contamos con el pensamiento crítico, habrá que exigirlo al máximo, porque ya no estamos en condiciones de ceder espacio al dispositivo de traiciones y desazón que nos trajo hasta aquí. Pensar sin censura y asumir sin dramatismo que los errores también son cometidos por aquel que opta, el votante del despojado cuarto oscuro dominguero en cada hora electoral; porque en tanto sabemos que la obsecuencia no trae otra cosa que desencanto cuando se la vuelca sobre el líder, simulamos ignorar que cuando se derrama sobre el pueblo alimenta la resignación y el conformismo, porque a todos nos gusta que nos den la razón, aunque caminemos a la boca del dragón malogrados de tanta derrota.

El troyano que vino de las urnas

Mientras el tipo con pelo falso y enriquecimiento real aún acomoda sus números para que la mentira de las viejitas prestamistas sea creíble, el país se vende al mejor postor cada nuevo día. A cambio de nada. O sí, a cambio del sacrificio de los simples mortales que todavía trabajan, de quienes se hielan de frío otoñal en las filas de cuanto empleo se ofrezca, de aquel que paga impuestos aunque no tenga techo encima de su cabeza ni otra propiedad que el dolor del abandono. Manuel Adorni cayó al precipicio de la consideración pública, pero ni así los hermanos Milei se desprenden de semejante lastre, cuando el propio descrédito del presidente parece haberse pausado, ya no cae, al menos en los últimos días.

Pero en tanto los ingresos del Estado se desploman porque no hay actividad económica, río abajo del extractivismo y la timba financiera, los más ricos entre los ricos se atropellan para empezar a rodar a bordo del RIGI – Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones -, con el propòsito de seguir en el negocio primario que en Argentina sigue ofreciendo una tierra prodigiosa. Nada de obligaciones en la industrialización. Muy poco compromiso fiscal.

Alejandro Bercovich hizo una cuenta muy elemental para entender la lógica concesiva del gobierno ultra argentino. El economista y periodista consigna que las corporaciones anotadas para empezar con negocios al amparo de La Libertad Avanza, van a invertir 27 mil 200 millones de dólares en conjunto. Y van a emplear a 37 mil personas. O sea, al cerrar el año económico al Estado le habrá costado 50 mil dólares cada puesto de trabajo dado. Con una pérdida de recursos de 1800 millones de dólares por año. Una sangría inexplicable para proyectos que se iban a realizar de todos modos, como señalan fuentes independientes.

Favorecer a los más ricos y descargar el látigo sobre quienes no pueden especular porque apenas subsisten es el postulado base de la ultraderecha en el poder político argentino.

Ni un solo día de la gestión se pensó en gestionar para esa espesa mancha social que es el pueblo de a pie.

Es ideología pura, es la política a favor de las clases dominantes.

No inventaron nada, solo están llegando a donde nadie se atrevió a llegar, ni masacrando en cárceles y mazmorras: la desintegración del acuerdo político que llamamos Estado, la “suprema potencia de acción, mando y coerción”, que es también la traducción de los intereses encontrados de una sociedad. Su máxima expresión organizada. El combustible se derrama peligrosamente, y el troyano corre enloquecido con los fósforos en la mano…

Sin escuchar, será difícil

La tibieza en la demanda de los créditos de Córdoba por parte del gobernador, ruego silente con bajo presupuesto de energía, parece acomodarse a la vieja idea de quienes observan la vida política con microscopio, como si de tejido humano se tratara, aquella que dice no intervengas cuando tu enemigo se está equivocando, referido, naturalmente, al escándalo Adorni; porque suponen que este oscuro y desagradable sujeto devuelve al eterno candidato Luis Juez su propio discurso anticorrupción. El senador, jugador sin más lealtad que a sí mismo, cree ser el único que podría abrir una brecha en el peronismo local para colar sus chances electorales. Parece que Llaryora también lo cree.

Uno quiere crecer sin hacer olas.

Otros creen tener chances solo haciendo olas.

Se sabe hoy que Myriam Bregman crece en la consideración pública. Su honestidad es rocoso patrimonio de toda la izquierda internacional; también se aplaude por lo bajo cada cruce con los libertarios cargado de fundamentos y potencia discursiva; pero como tantas veces, nada garantiza que ese reconocimiento se traduzca en votos.

Es el peronismo de Cristina Fernández y Axel Kicillof el que navega su barco agujereado sin reconocer nada de lo mucho que a sus gobiernos les imputa el joven, pobre, maltrecho de expectativas desde muy atrás en el tiempo, observador pasivo del quiebre económico de su abuelo y su padre. La dos veces presidenta y el gobernador bonaerense no levantan el perfil político hacia fuera del espacio enfrascados en acabar con el otro, en un giro endogámico inacabable que mucho se parece a un suicidio ante cámaras. Una y otro no construyen otra cosa que enemistades cruzadas, cuando MIlei convierte a la Argentina en tierra arrasada, cual Atila del nuevo milenio. Solo olas. ningún artefacto que salga al cruce de la ultraderecha ni que invita a pensar una salida que no sea un leve retroceso desde el extremo ultra.

El peronismo tiene mucho que explicar, el apoyo explícito a Carlos Menem, es un primer mojón del extravío político. Después la obediencia ciega a la líder cuando ensayó con Scioli y con Fernández, en soledad. En el medio, errores táctico y estratégicos, cuya lucubración es ajena a los pibes de los barrios destrozados por el paco, la explotación patronal y la violencia de todos los días, pero cuyos resultados impactaron severamente en sus vidas.

Nadie se hace cargo de nada. “El apoyo popular a Milei es fruto de las nuevas tecnologías y el embrutecimiento político”, repiten como en trance, “nosotros no tenemos nada que ver”, se dicen aliviados. El lugar del otro es el espacio que el progresismo lo llena aún hoy con bruma y bronca.

Hábil interprete de la sociedad, el antropólogo Pablo Semán, conocedor como pocos de la cultura de los sectores populares, interviene crítico: “Hablan de interpelar al elector pero nunca escuchan a nadie (…) Cuando les preguntás cómo ganó Milei, todas son cosas externas a ellos, nada de las propias responsabilidades”, y cierra lapidario con el peronismo kirchnerista: “¿Por qué elegiría a esta oposición?”…

Con la rusa afinada y con muy buena prestación, pero que no despeja las dudas respecto de la capacidad del troskismo para perforar su propio techo, y el peronismo progre en bancarrota y peleando por la herencia de los abuelos, estamos ante un programa de devastación que solo se detendrá por fallos de su propia máquina; y peor que el seco aquel del tango que implorante dice: “Viejo Gómez, vos que estás de manguero doctorao, y que un mango descubrís, aunque lo hayan enterrao. Definime si podés esta contra que se ha dao. Que por más que me arremango no descubro un mango”

Así de secos estamos. Aún así, sin pedir armisticio en esta guerra por la supervivencia del cuerpo social bajo fuego, seguimos cuestionando los pasos dados y pensando cómo dejar atrás las tinieblas y el oscurantismo mileista; pero sin descubrir a ese otro esquivo, escucharlo y soportar su dolido escrutinio, el futuro solo dependerá de los que hoy nos envenenan el día a día.