En politica como en el fútbol, nunca te salva uno solo…

Si hay algo parecido a la plena autonomía de la voluntad, aquello que traducido popularmente sería, lo que no está prohibido está permitido, es desde hace varios años lo que impulsa al elector a optar por la izquierda y su contrafrente ideológico en no más de tres turnos electorales, o en dos como sucedió en Colombia el último domingo. De Gustavo Petro a Abelardo De la Espriella – sin escalas –  estaría hablando de las tensiones acumuladas que ya no operan a largo plazo. La resolución es vertiginosa, buscando sin paciencia lo que lleva tanto tiempo sin contestación.

Puede haber ocurrido en Argentina 2023, con una representación de centro izquierda –  diluida en aguas de simulación – como fuera la del Frente de Todos. Puede, no lo aseguro. Como sea, los votantes ya no tienen ni quieren tener tolerancia al paso del tiempo. 

Con todo derecho, pueden estar considerando que el vino se les volverá vinagre si no lo toman hoy, de un solo trago. Como que nada pasa por el medio, ese carril con peaje que nadie está dispuesto a pagar. 

Hay ideas que se instalaron en el imaginario popular y que no por haber sido machacadas en la prensa liberal durante los años progresistas son falsas; por ejemplo, el choreo que hoy escala alturas de ipoxia, no es más grave porque lo protagonicen estoy tipos de hoy, que seguro ya choreaban en las corporaciones donde cumplían tareas antes de entrar a la gestión pública (porque aceptemos que nadie se hace ladrón por el solo expediente de trasponer la puerta estatal); es grave porque progresar en la escala social maniobrando ilegalmente en la esfera pública destruye la confianza del sufrido. Demuele la perspectiva de una política eficaz y apalancando el beneficio colectivo, y opera como sanción ficta para todo aquel que viva su vida con apego a las normas y el deber ser. Lo que hace digna la vida del que vive sin robar, aún con el hambre royéndole las tripas. 
 
Una de las voces de la izquierda nacional que se hiciera escuchar más vehemente contra la corrupción gubernamental fue la de René Ramírez, ex ministro de Educación y Ciencia del Ecuador en tiempos de Rafael Correa. En los memoriosos aún retumba aquella sentencia lapidaria: «Cero tolerancia a la corrupción» que soltara frente a más propios que extraños reunidos en un espacio común de debate por el rumbo de su nación. Es el mismo experto en Sociología de la Desigualdad el que por esta hora dirá de las salidas por derecha en la politica regional: «Lejos de la idea de una `derechización` social, existe una sensación extendida de traición y desencanto, producto de gobiernos que prometieron transformaciones estructurales, pero terminaron administrando el sistema existente con ajustes menores. Los pueblos quieren cambio, pero muchas veces las izquierdas solo gestionan el mismo modelo, haciéndolo apenas un poco menos injusto».
 
No se puede seguir culpando al que vota. Es de toda torpeza política derramar resentimiento sobre la humanidad del que vuelve la espalda luego de tanta expectativa frustrada. Si tuvieran ganas de aprender tal vez escucharían algo como, ¿no probaron con hacerlo mejor?….
 
Los datos que devuelve la realidad argentina bajo la administración ultra de Milei indican que el empleo privado cayó pulverizado, su cadáver hay que buscarlo entre los escombros de la industria. La desorganización se apoderó de las familias, no solo por trabajos informales al márgen de toda protección, trabajos que impiden proyectar, sino también porque angustia diariamente, enferma el espíritu estropeando la psiquis, en un proceso brutal de desintegración familiar. 
 
Pero si todo esto no fuera suficiente para aquellos que ven en la acción política tanto las causas como la salida de este horrible sueño, los cultores de Cristina Fernández  y de Axel Kicillof se lanzan a la carrera de la autodestrucción del único espacio que podría, con mucho viento a favor y de continuar el juego de errores libertario, erigirse en un obstáculo para la reelección de Milie. En medio de esta carnicería social, el peronismo de centro izquierda solo piensa en sí mismo. Endogamia y ceguera. Vanidad y autocelebración. Como si no se reconocieran en el mismo territorio de litigio donde se debe intentar recuperar el control de los negocios públicos, el manejo de las palancas estratégicas, hoy en manos de un modelo depredatorio de recursos naturales, sin limites para el capitalismo huérfano de imaginación.
Desde los recoletos despachos donde  los dueños del país diseñan la plusvalía extrema de los años por venir,  la mueca provisional de satisfacción a punto está de volverse carcajada permanente…
 
 
 
 

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