Sepamos por qué, aún ignorando cómo…

¿Cuánta decepción del representado aguanta un sistema representativo sin que se fracture definitivamente? ¿De qué modo se suturan las heridas de la desconfianza que provoca gestionar de espaldas al pueblo? ¿Cómo construir un proyecto colectivo trasversal y reparador sin cortar de raíz con la corrupción endémica, el nepotismo, el acomodo, los privilegios, el conchabo malhabido, la justicia de clase para los encumbrados, la injusticia declarada para los marrones de a pie? Es contra la naturaleza del analista ofrecer tantos planos abiertos sin tener una sola réplica, una salida mínima que ilumine cuadro tan borrascoso. Pero es que ahí estamos parados, en esa insondable penumbra, sin tener la menor idea de cómo salir al futuro.

Nada en la escena nacional se cuece por fuera del caldero libertario, hasta sus propios errores los capitaliza alguien del espacio ultra; el desconcierto, la avaricia y recelo se pavonean en el campo opositor peronista. La derecha clásica afila el puñal en la piedra de la revancha, su turno no parece lejos.

Cada episodio en el marco de la cosa pública socava el terreno donde pisa una sociedad asqueada de pasos en falso, mentiras vendidas como gestas épicas en el terreno macroeconómico, sufrimientos inacabables en el día a día, represión ante cualquier expresión de pasión popular,delitos contra la integridad sexual, femicidios, secuestros con fines de trata de personas; dirigentes políticos sin aptitud para anticipar la jugada, que cuando reaccionan lo hacen fuera de tiempo, distancia y lugar. Los que juegan dentro de un sistema donde casi siempre pierde el mismo – cedo el absoluto en resguardo de la salud emocional del lector -, nos invitan a seguir participando, a pura voluntad y a costa de nuestras expectativas, que se amontonan como fierros viejos en la chatarra del pueblo.

“Me parece que amurallarse en la defensa de la democracia liberal es muy poco útil. Al revés, nos entrampa en una batalla perdida. Algo semejante pasa con el Estado. Hay que reformular cuál es su papel, porque lo que venimos viendo desde hace mucho tiempo, pero sobre todo desde la pandemia, son sus limitaciones e incapacidades. Ni hablar de los partidos políticos y el mecanismo de representación en general. Es imprescindible reconocer esa crisis de lo anterior, sin aceptar ni legitimar la lógica bélica. Porque en la guerra ganan y se imponen los más fuertes, y siempre quienes quedan en posición rezagada son las mayorías”… lúcida y tozuda, la que empuja la crítica sobre lo que no debemos abrazar, al menos, sin cuestionarlo con dureza, es Pilar Calveiro, politóloga, ex presa política, autora de “Resistir al neoliberalismo”, entre otros celebrados trabajos. Y va más lejos, propone sin atajos dejar de pensar en la democracia liberal como campo de disputa simétrico y de terreno igualado, reformulando la estrategia política:

“No tiene sentido entonces defender el viejo statu quo, como proponen más o menos explícitamente los progresismos y las izquierdas contemporáneas; pero tampoco conviene asumir el belicismo que impone la ultraderecha porque saben que en ese terreno ganan. Lo que parece ineludible es un realismo político que nos permita hacernos las preguntas difíciles: ¿es hora de asumir la enemistad, o seguiremos pensando a la política como un debate civilizado entre individuos con opiniones distintas?”

Es el más oscuro de los inviernos para 9 de 10 argentinos, y por mucho que exprimamos las ideas, por ahora no tenemos ruta, mapa ni brújula; mientras tanto contamos con el pensamiento crítico, habrá que exigirlo al máximo, porque ya no estamos en condiciones de ceder espacio al dispositivo de traiciones y desazón que nos trajo hasta aquí. Pensar sin censura y asumir sin dramatismo que los errores también son cometidos por aquel que opta, el votante del despojado cuarto oscuro dominguero en cada hora electoral; porque en tanto sabemos que la obsecuencia no trae otra cosa que desencanto cuando se la vuelca sobre el líder, simulamos ignorar que cuando se derrama sobre el pueblo alimenta la resignación y el conformismo, porque a todos nos gusta que nos den la razón, aunque caminemos a la boca del dragón malogrados de tanta derrota.

Un comentario

  1. Gracias por compartir. La salida, al menos para mi, el segundo milagro;: conciencia. Sin honestidad no hay salida.

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