El troyano que vino de las urnas

Mientras el tipo con pelo falso y enriquecimiento real aún acomoda sus números para que la mentira de las viejitas prestamistas sea creíble, el país se vende al mejor postor cada nuevo día. A cambio de nada. O sí, a cambio del sacrificio de los simples mortales que todavía trabajan, de quienes se hielan de frío otoñal en las filas de cuanto empleo se ofrezca, de aquel que paga impuestos aunque no tenga techo encima de su cabeza ni otra propiedad que el dolor del abandono. Manuel Adorni cayó al precipicio de la consideración pública, pero ni así los hermanos Milei se desprenden de semejante lastre, cuando el propio descrédito del presidente parece haberse pausado, ya no cae, al menos en los últimos días.

Pero en tanto los ingresos del Estado se desploman porque no hay actividad económica, río abajo del extractivismo y la timba financiera, los más ricos entre los ricos se atropellan para empezar a rodar a bordo del RIGI – Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones -, con el propòsito de seguir en el negocio primario que en Argentina sigue ofreciendo una tierra prodigiosa. Nada de obligaciones en la industrialización. Muy poco compromiso fiscal.

Alejandro Bercovich hizo una cuenta muy elemental para entender la lógica concesiva del gobierno ultra argentino. El economista y periodista consigna que las corporaciones anotadas para empezar con negocios al amparo de La Libertad Avanza, van a invertir 27 mil 200 millones de dólares en conjunto. Y van a emplear a 37 mil personas. O sea, al cerrar el año económico al Estado le habrá costado 50 mil dólares cada puesto de trabajo dado. Con una pérdida de recursos de 1800 millones de dólares por año. Una sangría inexplicable para proyectos que se iban a realizar de todos modos, como señalan fuentes independientes.

Favorecer a los más ricos y descargar el látigo sobre quienes no pueden especular porque apenas subsisten es el postulado base de la ultraderecha en el poder político argentino.

Ni un solo día de la gestión se pensó en gestionar para esa espesa mancha social que es el pueblo de a pie.

Es ideología pura, es la política a favor de las clases dominantes.

No inventaron nada, solo están llegando a donde nadie se atrevió a llegar, ni masacrando en cárceles y mazmorras: la desintegración del acuerdo político que llamamos Estado, la “suprema potencia de acción, mando y coerción”, que es también la traducción de los intereses encontrados de una sociedad. Su máxima expresión organizada. El combustible se derrama peligrosamente, y el troyano corre enloquecido con los fósforos en la mano…

Sin escuchar, será difícil

La tibieza en la demanda de los créditos de Córdoba por parte del gobernador, ruego silente con bajo presupuesto de energía, parece acomodarse a la vieja idea de quienes observan la vida política con microscopio, como si de tejido humano se tratara, aquella que dice no intervengas cuando tu enemigo se está equivocando, referido, naturalmente, al escándalo Adorni; porque suponen que este oscuro y desagradable sujeto devuelve al eterno candidato Luis Juez su propio discurso anticorrupción. El senador, jugador sin más lealtad que a sí mismo, cree ser el único que podría abrir una brecha en el peronismo local para colar sus chances electorales. Parece que Llaryora también lo cree.

Uno quiere crecer sin hacer olas.

Otros creen tener chances solo haciendo olas.

Se sabe hoy que Myriam Bregman crece en la consideración pública. Su honestidad es rocoso patrimonio de toda la izquierda internacional; también se aplaude por lo bajo cada cruce con los libertarios cargado de fundamentos y potencia discursiva; pero como tantas veces, nada garantiza que ese reconocimiento se traduzca en votos.

Es el peronismo de Cristina Fernández y Axel Kicillof el que navega su barco agujereado sin reconocer nada de lo mucho que a sus gobiernos les imputa el joven, pobre, maltrecho de expectativas desde muy atrás en el tiempo, observador pasivo del quiebre económico de su abuelo y su padre. La dos veces presidenta y el gobernador bonaerense no levantan el perfil político hacia fuera del espacio enfrascados en acabar con el otro, en un giro endogámico inacabable que mucho se parece a un suicidio ante cámaras. Una y otro no construyen otra cosa que enemistades cruzadas, cuando MIlei convierte a la Argentina en tierra arrasada, cual Atila del nuevo milenio. Solo olas. ningún artefacto que salga al cruce de la ultraderecha ni que invita a pensar una salida que no sea un leve retroceso desde el extremo ultra.

El peronismo tiene mucho que explicar, el apoyo explícito a Carlos Menem, es un primer mojón del extravío político. Después la obediencia ciega a la líder cuando ensayó con Scioli y con Fernández, en soledad. En el medio, errores táctico y estratégicos, cuya lucubración es ajena a los pibes de los barrios destrozados por el paco, la explotación patronal y la violencia de todos los días, pero cuyos resultados impactaron severamente en sus vidas.

Nadie se hace cargo de nada. “El apoyo popular a Milei es fruto de las nuevas tecnologías y el embrutecimiento político”, repiten como en trance, “nosotros no tenemos nada que ver”, se dicen aliviados. El lugar del otro es el espacio que el progresismo lo llena aún hoy con bruma y bronca.

Hábil interprete de la sociedad, el antropólogo Pablo Semán, conocedor como pocos de la cultura de los sectores populares, interviene crítico: “Hablan de interpelar al elector pero nunca escuchan a nadie (…) Cuando les preguntás cómo ganó Milei, todas son cosas externas a ellos, nada de las propias responsabilidades”, y cierra lapidario con el peronismo kirchnerista: “¿Por qué elegiría a esta oposición?”…

Con la rusa afinada y con muy buena prestación, pero que no despeja las dudas respecto de la capacidad del troskismo para perforar su propio techo, y el peronismo progre en bancarrota y peleando por la herencia de los abuelos, estamos ante un programa de devastación que solo se detendrá por fallos de su propia máquina; y peor que el seco aquel del tango que implorante dice: “Viejo Gómez, vos que estás de manguero doctorao, y que un mango descubrís, aunque lo hayan enterrao. Definime si podés esta contra que se ha dao. Que por más que me arremango no descubro un mango”

Así de secos estamos. Aún así, sin pedir armisticio en esta guerra por la supervivencia del cuerpo social bajo fuego, seguimos cuestionando los pasos dados y pensando cómo dejar atrás las tinieblas y el oscurantismo mileista; pero sin descubrir a ese otro esquivo, escucharlo y soportar su dolido escrutinio, el futuro solo dependerá de los que hoy nos envenenan el día a día.

La dignidad corre cuesta abajo

Transcurre el año 56, Argentina es un baño de sangre a manos de la dictadura que por tercera vez en la historia nacional ha derrocado a un gobierno elegido por el pueblo. Los golpistas la difunden como Revolución Libertadora. La historia de la infamia política argentina la conocerá como “Revolución Fusiladora”. Ernesto Sábato, antiperonista reconocido, está al frente de la dirección de la revista Mundo Argentino. Desde esas páginas denuncia las torturas de los represores que gobiernan a sangre y fuego; el artículo se llama “Para que se termine la interminable historia de las torturas”. Lo mismo hace en la Radio del Estado, en una participación cultural: “No puedo hablar de ningún tema literario mientras a poca distancia de aquí, en la cárcel de Las Heras, se está torturando a militantes peronistas”.  

La denuncia, que le cuesta el despido del cargo de director de la revista, es de tal osadía y decencia intelectual que la reconoce su encumbrado adversario político, Arturo Jauretche, en un pasaje inaugural de “Los profetas del odio y la yapa”. Sábato es tirado a los perros, pero su figura se agiganta desde ese gesto temerario.  

El que sabe de los horrores que se producen en el país lo grita sin miedo a las represalias; o mejor aún, tiene miedo, pero no lo paraliza, apenas lo inflama. Faltan veinte años para que tome parte del almuerzo de escritores con Videla, pero no empaña aquella valiente amonestación a la dictadura de chacales como Aramburu y Rojas. 

¿Hasta cuándo va a callar la dirigencia que apoya a Milei el descuartizamiento social de esta hora?… 

¿Por qué no se levanta en ese elenco de furiosos antiperonistas alguien que diga “basta, con los viejos no, con los enfermos de cáncer, no, con las personas con discapacidad, no?  

El notable escritor que fuera el físico nacido a comienzos del siglo XX perdió su cargo y es probable que su propio círculo íntimo – intelectuales y amigos genéticamente conservadores – lo haya echado a la banquina, pero la brutalidad de la tortura es el límite y Sábato decide no trasponerlo.  

En la Argentina de Milei no se tortura como política de Estado en las mazmorras del sistema, pero se muele a palos y se gasea a los viejos que protestan todos los miércoles. 1370 manifestantes fueron heridos. 165 personas fueron detenidas arbitrariamente. Entre los años 24 y 25 se duplicó la cantidad de periodistas heridos.  

Javier Milei se ensaña con los trabajadores a los que quiere sometidos y en silencio.  

En 30 meses de gestión ultra se perdieron casi 9 mil puestos por mes (van 266 mil); se destruyen 800 empresas cada 30 días (van 24 mil); se somete a las provincias por desfinanciamiento, a lo que estas contestan – sumisas y aterradas – apretando el nudo al cuello de sus gobernados, en una replicación enloquecida del daño económico, físico, emocional y psiquico proporcionado por el malvado que ocupa la Rosada. 

Todo compone una tragedia social de una magnitud jamás vista bajo gobierno democrático alguno, sin que nadie del elenco a sueldo – funcionarios y periodistas – confronte las antidemocráticas decisiones, disparos al corazón de los más vulnerables. Viles y venales, enrojecen sus manos de aplaudir, se empujan para salir en la foto con el demencial sujeto cuya boca es un instrumento de sembrar odio y es una cloaca al mismo tiempo. 

A nadie se le ocurre decir públicamente que esta carnicería social debe acabar, que ya es demasiado, intolerable y cruel.   

Otro intelectual graníticamente formado es parte de un gobierno conservador a principios del nuevo milenio, pero el escandaloso caso de coimas para aprobar una ley laboral regresiva de derechos (ley Banelco) lo decide a irse. Carlos Chacho Alvarez deja la vicepresidencia y detona la coalición llamada Alianza; dirá que “respeta las decisiones del presidente, pero que no puede acompañarlas pasivamente o en silencio”. Es 6 de octubre de 2000 y Chacho Alvarez se hunde en el silencio para siempre.  

La dignidad humana en esta desgraciada hora nacional està siendo sometida de la manera más infame, quienes combatimos con palabras y acción a la ultraderecha no dejamos de decirlo; pero tal vez, si una voz se alzara díscola y a contrapelo otras le sucederían. El destino de la nación pueda que dependa de ese ingrávido gesto.  

Todos somos Desiguales

En la marcha de los negocios del Estado casi nada es lo que se ve en superficie. Hay mugre debajo de las uñas. De cada armario emana olor fétido. Demasiados canales subterráneos cruzan de un extremo a otro la burocracia como para simplificar una caracterización inmaculada o virtuosa, a tono con la democracia imaginada al final de la carnicería de los Videla y Martínez de Hoz.
Entonces se pensaba que, con las instituciones civiles en marcha, elecciones periódicas, libertad de expresión, sin presos políticos encarcelados, se construían al mismo tiempo un presente despejado de angustias y un futuro venturoso para los argentinos del siglo XXI, nuestros hijos y nietos. Todo iba a suceder, creíamos, a la luz de la libertad que emanaba de la Constitución y su transparencia sería la contracara de la oscuridad tenebrosa de la dictadura.
Lejos de eso, nada iba a ser tan oscuro como el financiamiento laboral de la dirigencia política en funciones de gobierno.  Lo de los sobre sueldos  es lo que nos sacude hoy, sobre todo porque nadie parece querer controvertir esa acusación, que le cabe, de acuerdo al analista Andrés Malamud, a toda la dirigencia desde el retorno democrático. Politicos y jueces, dirá el académico que vive y enseña en Portugal. Sin ese dinero extra nadie podría explicar cómo viven lujosamente ministros, secretarios, jueces y parlamentarios. No ganan como un periodista ni un cajero de súper, pero tampoco son profesionales de la Champion League, y viven como si lo fueran.
Sobre sueldos, para reírse del ajuste fiscal que ahoga al descalzo. Sobresueldos que jamás admitirá nadie porque su fuente es el submundo de la Inteligencia, sórdido y peligroso como pocos estamentos. No por aptitudes para anticiparse a nada sino por su capacidad para maniobrar en terreno ilegal sin exponerse ni desnudar a sus mandantes. Es un campo minado, donde nadie tiene mucho que ganar al denunciar la maniobra. Como que nadie abre la boca para negar lo que Malamud repite ante quien quiera oír.
Hace nada, un año para ser exactos, la diputada Myriam Bregman, quien puntea la nómina de los màs creìbles en el sistema político, dijo algo parecido pero respecto de la plata narco que financia la polìtica, apuntando a todo el Senado que aprobó por unanimidad el blanqueo de capitales: “Un aporte màs al paraiso narco”, dijo la dirigente trotskista. Nadie salió a decir que mentía. Aunque dicen que en derecho no es dogma eso del que calla otorga, se le parece mucho, ese silencio es ensordecedor.
El autor del manual de estilo de Milei, Carlos Saúl Menem  y el padre del estropicio estatal a favor del sector privado, Domingo Cavallo, fueron condenados por sobresueldos, ¿alguien se acuerda?…Un sistema clandestino de pago a través de montos obtenidos de fondos reservados, sin rendición de cuentas, decía la acusación que fuera probada. Como Adorni hoy, ¿aquellos fueron los únicos, o solo los menos precavidos?…La certeza de impunidad pudo haber explicado esa falta de medida en la comisión del delito.
Dinero del narco, fondos de la inteligencia oficial, ¿qué otra fuente oculta explicará el buen pasar de los funcionarios, que deben hacer la vida de los ciudadanos más fácil, en lugar de este drama sin final tejido pacientemente hace décadas?…
Es justamente en democracia donde se debe exigir del gobierno salga de la penumbra donde sus movimientos furtivos rinden tan buenos dividendos. Hoy los millones sentenciados por la praxis ultra de Javier Milei lo reclaman, aunque su voz sea solo una letanía, casi parte de una misa de réquiem.

Escuchar la rebeldia

En una democracia de bajísima intensidad como la Argentina, la acumulación de episodios grotescos no hace sino confirmar que hemos extraviado el rumbo hace demasiado tiempo.
Familias enteras dependiendo de que se encuentre en los tachos de basura algo parecido a un mendrugo de pan, expone la magnitud de la tragedia que nos azota con el experimento ultraderechista.
Abortar la interpelación periodística bajo pretexto de espionaje pone de manifiesto la deriva totalitaria, no porque la prensa esté cumpliendo precisamente una tarea épica ni cosa parecida, sino porque la oscuridad en la gestión de los negocios públicos sin contrapeso de una prensa responsable y crítica se vuelve insondable. Tal y como lo quiere cualquier vulgar dictadura. Advierta el lector que pasamos de largo un hecho incontrastable: Balcarce 50, sede del gobierno nacional, es una oficina pública. O sea, pertenece a todo el pueblo argentino; ¿una apreciación fútil?… de renunciamientos como este está hecha la enajenación del patrimonio político.
Hay quien piensa que echar a la prensa de Casa de Gobierno es un tema instalado para desviar la atención sobre lo que pasa en la calle, y hasta podría ser, considerando las veces que se utilizo recurso semejante. El cronista no toma ese atajo. Simplemente porque hacer silencio es una gran contribución a cuanto atropello se proponga el gobierno.
Estamos entonces en medio de una arremetida implacable contra el grueso de los representados – para seguir haciendo uso del método republicano, no vaya ser que nos olvidemos definitivamente de el -. Excluídos desde la hora cero en los planes libertarios.
Veamos que está pasando en la calle. Sí, donde hay claros ganadores y repetidos derrotados, en este largo, obstinado y desesperado abrazo a la economía primaria, tal y como siempre lo estimularon desde los centros de control planetario.
El informe de febrero del Estimador Mensual de Actividad Económica (MAE) da cuenta de una caída general de la actividad del 2,1% interanual, y de 2,6% respecto de enero.
La industria sufrió un retroceso interanual del 8,7 por ciento.
El comercio, un 7 por ciento
Un primer trimestre que sabe a bilis.
A contramano viajan los sectores bendecidos por el insultador e insultante Jefe de Estado. Todas actividades con escasa mano de obra.
La pesca subió el casi un 15 por ciento interanual.
Minería casi llega al 10 por ciento.
Agricultura el 8,4%.

Sí hasta el diario La Nación, publicista de todo gobierno conservador, va a decir (Jorge Liotti) respecto de la asimetrìa del modelo económico libertario: “De un extremo a otro hay diferencias de más de 20 puntos de actividad”…Los datos de una economía para el 22 por ciento de la población son por demás auspiciosos, mientras que el resto se hunde en una espiral de deudas por alimentos, servicios de salud quebrados y sin otra cosa por delante que angustia y desolación.
Javier Milei no solo es el sujeto que màs daño ha causado al tejido social sino que es además quien extrema la crueldad en cada uno de sus actos, como si en ello le fuera la chance de pasar a la historia en la categoría enemigo público número uno.
No olvidemos el dolor de este tajo tan profundo. Por las dudas, como siempre lo hace el arte popular, nos ayuda Jaime Ross…

“Que el letrista no se olvide del aumento del boleto
De agarrar la ventanilla y vivir la realidad (…) Que el letrista no se olvide de arrimarse al veterano
De escuchar la rebeldía, de negarse a obedecer.
Que no quede en el tintero, que no quede en el tintero
Que no quede en el tintero, lo que falta por hacer”…