El imperativo democrático de máxima prioridad debe ser, aún en momentos de penurias sin fin, no renunciar jamás al estatus democrático. Su revocamiento es la amenaza más grave que la ultraderecha derrama a lo largo del globo por esta hora. Y no se trata de elevar el precio del sistema por sobre sus propios yerros, desajustes o traiciones, sino de salir al cruce de la embestida que se afana con los consensos democráticos; aquellos puntos de convergencia tácita, territorios de bandera blanca donde hasta hoy a ningún dirigente se le había ocurrido sembrar de minas antipersonales. Un rápido repaso nos lleva a la lucha de los jubilados, salvajemente atacados por luchar como el presupuesto democrático lo avala, protege y vela, poniendo el cuerpo y gritando a viva voz sus desventuras. O la sublevación de las personas con discapacidad que deben ser abastecidas tal y como lo ordena la ley argentina. O este Armagedón del ecosistema natural en el sur patagónico, al que le hacen frente unos pocos hombres solo provistos de una voluntad de amianto, al modo de los 300 espartanos de las Termópilas que, se sabe, perdieron la desigual contienda.
Transcurridos cuarenta y tres años de vida republicana, y tal vez a contramano del sentir popular, la defección más grave no sea la del sistema representativo sino la del Poder Judicial. No digo nada que vos, bien instruido en esto de hurgar en la práctica política, no sepas, más aún dirás: claro, como que es el único de los tres poderes que las dictaduras consideraron, en tanto no hay ahí construcción popular…Aún así, cuando un presidente se afana en violar las leyes con el único y declarado propósito de mantener el gasto fiscal a raya, como sociedad organizada debemos exigir a esa justicia implacable con los descalzos el cese
de tal conducta; de lo contrario se seguirá vaciando en el poroso molde de la impostura el contenido de la prédica en favor de la seguridad física de los ciudadanos, angustiados como están ante el delito callejero. Que solo pague aquel que ya es el insumo vital del sistema represivo.
Si desde la más alta magistratura nacional se desprecia la arquitectura legal de la nación, con qué argumentos sino viciados y tumefactos se postula que hay que encarcelar a niños de 13 o 14 años cuando cometen delitos. Esta violación ya acostumbrada de la ley por parte del desaforado mandatario nos remite al inicio de esta columna: Milei sale del laberinto saltando los ligustrines cada vez que la legislación positiva se cruza en su camino, obstruyendo sus afanes de devastación.
Javier Milei es presidente para gestionar los negocios públicos sin violar la ley, y desde el 10 de diciembre del año 23 lo hace sin que la justicia lo frene, salvo raras y osadas excepciones. Los estados sub nacionales que no se han rendido ante Balcarce 50 asisten a la negación del derecho a la asistencia financiera vía aportes del tesoro; así el sistema de transporte público solo se sostiene por el renovado esfuerzo de pasajeros asfixiados por la crisis. Y ni siquiera enlistamos la probable comisión del delito Libra…
Milei viola el estado de derecho cuando incendia la escena pública llamando a acabar con la disidencia de izquierda, aquel “zurdos, tiemblen los vamos a ir a buscar” hiere alevosamente uno de los postulados más luminosos de la Constitución Nacional cuando en el preámbulo se lee “consolidar la paz interior”. Subordinado a los pies del presidente estadounidense adhiere al ataque que sufre la organización internacional cuyas vigas madres son las leyes que protegen a los estados soberanos y las decisiones políticas que en tal carácter se tomen fronteras adentro.
Apenas unos meses atrás, el constitucionalista Roberto Gargarella, muy crítico con el progresismo hoy en terapia intensiva, sostuvo con la gravedad del momento que es justo, necesario y de todo derecho, que la oposición política desee y luche para que al partido de gobierno le vaya mal; a contramano de opositores quienes, soportando el cautiverio, dicen “yo quiero que al gobierno le vaya bien”
Este espacio periodístico se instala ahí, en el territorio de quienes bregan, litigan y anhelan un mañana sin este artefacto tan peligroso que es La Libertad Avanza. Pero no repitamos el error de autosuficiencia sin carnadura…tal como lo escribiera Rousseau en su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, “es contra las leyes de la naturaleza que un imbécil conduzca a un hombre sabio”, habitamos este lodazal porque los hombres sabios, si alguna vez los hubo, hace demasiado tiempo que abandonaron este pliegue del mundo austral.
