Alguien muy harto de los nuevos falsos oráculos del peronismo progre se preguntaba cómo habían pasado de los grandes pensadores políticos que fueran Jaurteche, Scalabrini o John William Cooke, a estos Rebord, Rosemblat, Guillermo Moreno o Cùneo, en una suerte de disolución de carácter, pero también de materia gris crítica para encarar una lectura de la profunda derrota del sistema político que llegó al poder en 1983 y se estrelló contra el piso en 2023, desde esa altura de cuarenta años. Pensar la espesura de la derrota también en términos intelectuales y recuperar la dimensión crítica, es una tarea que nadie parece haber encarado en el movimiento que encumbró en los noventa a la centroderecha y en los dos mil a la centro izquierda.
En un país como el nuestro, donde ya estaba todo muy roto antes de que Milei resultara electo – como que a ello debe el brutal sujeto su inimaginada promoción – todo está por hacerse porque la derrota fue total, no quedaron ni las hilachas de lo que pudo haber sido un soporte institucional para dar cobertura a los que siempre han perdido.
Cuando la última dictadura llevaba dos años secuestrando, torturando y asesinando, desde el exilio vio la luz una revista destinada a reflexionar sobre lo ocurrido en América Latina en los años precedentes a esos setenta espesos como la sangre. «Controversia» reunía a peronistas de izquierda y socialistas, pero tuvo en el radical Miguel Piccato, fundador en Córdoba de la revista Jerónimo, un actor fundacional clave. Escribían David Viñas, Alcira Argumedo, Mempo Giardinelli y Julio Cortázar, entre otros notables. La derrota de aquellos años 70 como estímulo para pensar la recreación de una nación incluyente, reparadora y a tono con los desafíos que ya se levantaban sobre el horizonte, primero como amenaza, no mucho más allá, como certeza de una nueva colonización.
La derrota ocupando el pensamiento de esos hombres y mujeres desterrados, pero vivos y tan lúcidos como siempre.
En el primer editorial de «Controversia» con fecha octubre de 1979 se lee:
«Y es posible pensar que la recomposición de esas fuerzas por ahora derrotadas será tarea imposible si pretendemos seguir transitando el camino de siempre, si no alcanzamos a comprender que es necesario discutir incluso aquellos supuestos que creímos adquiridos de una vez
para siempre para una teoría y práctica radicalmente transformadora de nuestra sociedad». No es posible eludir las diferencias que nos separan de aquella carnicería y de esa ventana politica temporal; la gambeta es muy útil a los inútiles que han sembrado de consignas sin filo los años del macrismo, para no hacerse cargo de empezar de nuevo. Hay diferencias que dejo para el escrutinio de los sabedores, el cronista solo advierte que estamos ante un proceso de disolución bastante parecido; pero esta vez sin Generales, Comodoros y Almirantes como garantes de la tarea sucia, sino agentes locales que desde el gobierno ultra operan a cara descubierta por y para el sistema financiero internacional.
Tomo prestado aquel diagnóstico fechado en tierras mexicanas para darle luz a esta penumbra insoportable del tiempo libertario:
Transitando el camino de siempre”, volveremos al lugar de origen, un giro de trescientos sesenta grados…
Discutir los “supuestos” que debían arropar de bienestar a trabajadores y pobres. La ultraderecha que en el mundo avanza haciendo sonar su tenebroso paso redoblado, en estas tierras aún sigue al frente de la batalla por los sentidos comunes.
Salir del espanto se puede, con voluntad cívica, trabajo político, paciente pedagogía para controvertir lo que inyectan los Medios Masivos, y nuevos actores, hasta aquí ausentes. Sin imaginación solo queda repetir lo fracasado, y volver a despeñarnos.
