De nombre Julio. Como designio funesto. Como si ese nombre, Julio, fuese un llamado a suprimir la vida del portador sin rendir cuentas por ello. Julios. Víctimas sin justicia. Victimas con todo el olvido por delante.
Los dos tragados por el fuego. El represivo en primer lugar, el democrático más tarde. Vidas emparentadas por la entrega militante, hija de su voluntad polìtica, y por el martirio de sus disoluciones físicas.
Julios…
En los basurales de José León Suárez se cocina a tiros a un grupo de personas que un rato antes rodeaban una radio, expectantes de una pelea internacional del zurdo Lausse. Algunos peronistas, no todos; todos sí, seguro, sufriendo el rumbo de la dictadura que tiene en Aramburu y Rojas su cumbre represiva. Motivo por el que algunos de ese grupo, la mayoría, están a esa hora empeñados en protagonizar una embestida para acabar con la tiranía que derrocara a Perón en el 55.
Cocidos a tiros mueren entre la infamante basura, Nicolás Carranza; Francisco Garibotti; Carlos Alberto Lizaso; Mario Brión y Vicente Damían Rodríguez. JULIO Troxler lucha por su vida con dos policías más asustados que él, y escapa. Escapa de esa cacería desatada un día antes de declarada la Ley Marcial, por lo tanto, aún más ilegal que la dictadura que azota el paìs.
Jorge JULIO López nació en General Villegas el 25 de noviembre de 1929. Militante en una unidad básica de Montoneros, López pasó por distintos centros clandestinos de detención del circuito Camps: la estancia La Armonía en Arana y las comisarías quinta y octava de La Plata. El 4 de abril de 1977 fue legalizado en la cárcel de La Plata (U9), donde permaneció como preso político hasta el 25 de junio de 1979. Sobrevive a la dictadura.
Julio Troxler, el sobreviviente de los fusilamientos de José León Suárez, es interceptado en la mañana del 20 de septiembre de 1974 por miembros de la organización parapolicial Triple A. No correrà la misma suerte que 18 años antes. La patota de la ultraderecha que gestiona a pura violencia en los años finales de Juan Perón lo acribilla a balazos. En el país, aún bañado en sangre, el orden es constitucional.
Corre el año 2006, el albañil Jorge Julio López ofrece su testimonio en el juicio que se le sigue al carnicero Miguel Etchecolatz. Esa pieza probatoria hundirá en la perpetua al represor. Y será también el final del testigo. El 18 de septiembre de ese año se lo traga la tierra. Jamás volverá a aparecer. Es ese otro tiempo de la República, como sucediera agriamente en 1974.
Julios…
Ambos se sacudieron la muerte en la oscura noche de dos dictaduras. Los dos serán víctimas en democracia. Cuando la vida adquiere la estatura que la violencia represiva se afana en recortar.
Julios. La democracia desamparándolos cuando más ardía la urgencia…
