Calor…

“Plantada la piedra en su peso, plantada la planta en sus raíces. Tenacidad del acto de permanecer. Pensamiento de afinca miento. Ya mucho me duele cada uno de esos árboles gigantes que debo mandar derribar para cambiarlos por pólvora, por municiones, por armas. Cada hachazo cae en mi tronco; su grito grita en mí su queja de desarraigo y muerte. Las jangadas bajan flotando por los ríos acollarando millares de palos. ¡Vamos!, le digo. ¡No se hagan los zonzos! Es preciso que se caigan para que la Patria se levante; es preciso que se vayan río abajo para que la Patria se quede y remonte” (1)

Córdoba es el saqueo del monte en clave de negocios. Se dijo mil veces. Mil veces nutrió la burla de quienes hacen negocio tan macabro. El monte ya no es. Lo que es calor es falta de verde. El verde que, en papel moneda de Estados Unidos, saquea el descanso de los sojeros. Sojeros que trocan ganado por agronegocios, vaciando de árboles allí donde se levanten como obstáculos, y después se preguntan ¿de dónde tanto calor? La depredadora marcha de quienes siembran la muerte del futuro no se detiene porque hoy nos ahoguen 42° de calor. Al Este de Córdoba el sol derrite el asfalto; al norte sofoca a poblaciones sin otro recurso que la “resignación”; no es Diosito, no es Mandinga; es la antropofagia de una clase de sujetos, que al amparo y complicidad de la dirigencia política, nos dejó desnudos para que sus hijos puedan subir sin tropiezos en la escala social, y reposar sobre herencias futuras. En una tierra que arde, todos los días más intensamente.

Un país que no puede soltar amarras hacia el desarrollo se vuelve primario una y otra vez: “La existencia de la producción primaria de la cual depende la economía argentina está ligada, a su vez, a la deforestación. Y es esta actividad una de las que más contribuye a su vez a la emisión de los gases de efecto invernadero a nivel global” (2)
El calor no es creación divina, es hijo legítimo de un sistema cruel que valora, aplaude y estimula el saqueo de los recursos naturales; no para vencer en el litigio por la emancipación, como lo plantea arriba el Supremo José Gaspar Rodriguez de Francia…sino para ser cada día más vulnerables a los designios de quienes medran con el sufrimiento ajeno.

Ref:
(1) “Yo el Supremo”, Augusto Roa Bastos / pág. 392
(2) “No es calor, es desmonte” Página 12

Lavoratorios y vacunas, la memoria sigue ardiendo

Somos un país dependiente. Que se retuerce sobre sus propios despojos cada cierto corto tiempo; no logramos ni con ocho años de crecimiento cavar los cimientos del desarrollo. Hoy un breve pero intenso sector de la sociedad plantea entrar en batalla con quienes producen y distribuyen las vacunas contra esta peste cruel del coronavirus. Si refriego un poco mejor mis ideas, no le confiero ni siquiera esa vocación. Apenas tocan timbres virtuales, al azar, y corren. Sigue leyendo →

Laboratorios y vacunas, la memoria sigue ardiendo

Somos un país dependiente. Que se retuerce sobre sus propios despojos cada cierto corto tiempo; no logramos ni con ocho años de crecimiento cavar los cimientos del desarrollo. Hoy un breve pero intenso sector de la sociedad plantea entrar en batalla con quienes producen y distribuyen las vacunas contra esta peste cruel del coronavirus. Si refriego un poco mejor mis ideas, no le confiero ni siquiera esa vocación. Apenas tocan timbres virtuales al azar y corren a buscar más incautos. Sigue leyendo →

Democracia, o la esperanza malversada

La multitud cruje bajo el peso de tanta expectativa. Años de crueldad extrema, donde la vida humana se extraviara en la demencia criminal de civiles y militares, empeñados en ejercer con fidelidad suprema la tarea del sometimiento a un pueblo pendenciero y de espíritu libre, quedan atrás; cerquita en el tiempo, pero lo suficientemente atrás como para comenzar a pensar en una nación con todos sus hijos dentro. Es el 10 de diciembre de 1983, vuelven los civiles electos a administrar el destino de los argentinos. El sol calienta otra vez. La sangre derramada subraya el epitafio de la honda tragedia que asoló Argentina.

30 mil desaparecidos. Industria nacional derogada. Cárceles clandestinas que agravian para siempre la condición humana. 600 argentinos muertos en una guerra absurda. Economía sometida. 45 millones de dólares de deuda externa. Al final de 1975 cada argentino “debía” al exterior 320 dólares; al acabar la dictadura, esa cifra se ha estirado a los 1500 dólares. Un pueblo sofocado de violencia estatal y apremios económicos, abre la boca para que el aire puro de la democracia alcance hasta el último rincón de sus pulmones.

De la ilusión al desencanto

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«Los sirvientes volverán a la cocina»…

La revancha de clase es una grampa en la oreja de la historia argentina. Sucedió después de la muerte de Güemes en Salta; de Rozas en Buenos Aires; del predominio de los jefes federales cuando el porteñismo los aplastó; después del liderazgo de masas de Irigoyen y Perón; en definitiva, tras todo proyecto que hubiere intentado desequilibrar la estructura de dominación en el país.
Examine el elector lo que sucede con las propuestas políticas de la derecha explícita, conectando las medidas que prepara contra los trabajadores con el discurso vociferado contra medidas del actual gobierno: hablan de cepo económico, por el dólar – por ejemplo -, pero descuentan los días para Engrillar a quienes viven de un salario, ya magro; para Encarcelar a los menores, víctimas de una situación de pesadilla, sin otro pasado que la violencia heredada, presentes devastados por la acción del narcotráfico y el ningún futuro que gestiona la política; para Maniatar a quienes intenten protestar por las injusticias que sobre sus cabezas derrama un artefacto político montado para fraguar esperanzas colectivas y convertirlas en beneficio de minorías.
Es absolutamente entendible que los “dueños” enrojezcan sus manos aplaudiendo proyectos de sujeción. Es extraño, legítimo pero extraño, que la propuesta de los patrones convoque la adhesión de quienes van a sufrir los embates patronales.
Esto que propongo a tu lectura no es letanía quejumbrosa de un kirchnerista en apuros…no solo no soy ese sujeto, sino que la suerte judicial y política de CFK no ocupa un solo instante de mis reflexiones. Solo tengo en mente al hombre y mujer que brega todos los días desde hace años para que la desdicha no lo habite definitivamente; las más de las veces sin conseguirlo.
Sobre ese lomo castigado pretende el elenco Macri-Larreta-Bullrich seguir descargando el látigo. No es opinión del cronista, es confesión de partes. ¿Qué otra cosa creen que es la reforma laboral, o el grito de cárcel para los menores?… Ningún capitán de la especulación financiera, nadie de los muchos que gravan la canasta de alimentos con sobreprecios enloquecidos, ni siquiera uno de los integrantes de la clase alta rentística desde tiempo inmemorial, se lleva reproche alguno. Toda la carga sobre la mula de siempre.
La revancha de clase es una grampa en la oreja de la historia argentina. Sucedió después de la muerte de Güemes en Salta; de Rozas en Buenos Aires; del predominio de los jefes federales cuando el porteñismo los aplastó; después del liderazgo de masas de Irigoyen y Perón; en definitiva, tras todo proyecto que hubiere intentado desequilibrar la estructura de dominación en el país. Ese “Los sirvientes volverán a la cocina”, manifiesto o tácito en cada una de las restauraciones conservadores, es lo que parece estar anidando en un mensaje desabrigado de fervor popular, pero que se encamina a conseguir una promoción fatal.
Dejo el epílogo de este pensamiento – menos sesudo que despavorido – a Sartori (Giovanni, “¿Qué es la democracia’”): “Rousseau, después de haber recordado que en Grecia ´eran los esclavos los que trabajaban´ porque ´el gran hacer del pueblo era la propia libertad´, exclamaba: ´¡Qué! La libertad no se mantiene ¿si no se apoya en la esclavitud?´”…
¿Exagera este cronista?…como el hombre sin Fe que soy respondo enfático: ¡Qué Dios nos ampare!…